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CóMO ENDULZAR UN AñO SIN FALLAS

Unas Fallas diferentes

Ahora que llega marzo y con él, deberían llegar las Fallas, recuerdo que hubo un año en el que para mí no existieron las fiestas grandes de mi ciudad. Fue hace unos años, cuando ni siquiera podíamos imaginarnos la llegada de una pandemia como la que estamos viviendo. Siempre me han encantado las Fallas y las he disfrutado desde el primer hasta el último momento pero, ese año en concreto, había tenido un año lleno de estrés y de eventos sociales. Por una vez, me apetecía huir de las fiestas y refugiarme en algún lugar pequeño, en una casa rural en la que reinase el silencio y en la que poder descansar y recargar mis energías.

Aunque había tomado la decisión de escapar de las Fallas meses atrás, me costó bastante dar el paso. No recordaba un año en toda mi vida sin estar en Valencia por esas fechas pero, sin duda alguna, ese año necesitaba hacerlo. En mi círculo social todo el mundo disfruta de las fiestas y pensaban hacerlo un año más, así que pensaba que me tendría que ir solo a mi respiro de tranquilidad. Estaba mirando alojamientos y planes tranquilos cuando me acordé de Marissa Escorts, la agencia de escorts con la que contamos hace unos años para una escapada de amigos.

Antes de seguir comparando opciones, decidí contactar con ellas y contarles cuáles eran mis planes para ver si me podían ayudar. Les conté que, aunque estaba en Valencia, quería irme a otra ciudad en los días festivos de Fallas con una de sus modelos. Les pregunté si podrían encargarse de gestionar los traslados, alojamientos y de todos los detalles del viaje. Me ayudaron en todo lo que necesité y se encargaron de todo lo necesario para que fuesen unos días espectaculares.

Era miércoles y nuestro viaje estaba a punto de comenzar. En la agencia enviaron un coche con los cristales tintados a recogerme para ir hasta la estación del AVE, resguardando en todo momento mi privacidad. Dentro me esperaba la preciosa mujer que me acompañaría durante mi viaje y, en la escasa media hora que duró el trayecto en coche, nos dio tiempo a presentarnos y romper el hielo. En esos minutos me di cuenta de que estaba en buena compañía, me sentí como si nos conociésemos de antes.

Tras el viaje en tren y otro trayecto en coche hasta nuestro destino, estábamos en un precioso apartamento en mitad de la Sierra madrileña, sin nada más a parte de naturaleza a nuestro alrededor. El apartamento, a diferencia de lo que se piensa de los alojamientos rurales, derrochaba lujo por cada rincón. Estaba decorado con un gusto exquisito y era más elegante que muchos de los grandes hoteles que he visitado en pleno centro de Madrid. 

Al llegar deshicimos nuestras maletas y vimos bien el apartamento en el que pasaríamos los siguientes días. En la agencia supieron escoger muy bien la estancia, no le faltaba un solo detalle: el salón tenía paredes acristaladas desde las que podíamos disfrutar del paisaje arropados por el calor de la chimenea. Tenía una terraza gigante con piscina climatizada y jacuzzi y una gran mesa en la que sentarnos a comer y tener largas conversaciones.

La habitación era digna de una revista de diseño, tenía una cama enorme y una decoración exquisita y muy sobria, con una gran bañera junto a una cristalera desde la que podíamos ver el precioso lago que había cerca de la casa. Nos mirábamos con complicidad imaginando todos los rincones en los que podríamos dejar volar nuestra imaginación y pasión.

Mi acompañante me sentó en la cama y me dio un beso de película. La tome por la cintura y me recosté en la cama, cayendo los dos sobre ella. Nos entró la risa y, verla reír apasionadamente, me pareció muy sexy. Una mujer con una sonrisa bonita y una carcajada electrizante es mi debilidad, me quedé hipnotizado ante tanta belleza. Nos besamos como si llevásemos toda la vida esperándolo, con ansia, con mucha pasión e incluso con un toque de ternura.

La ropa nos quemaba en el cuerpo y nos deshicimos de ella casi instintivamente, deseando sentir la piel del otro y fundirnos en un mar de excitación y deseo. Nuestros cuerpos se entrelazaban y rodaban por ese enorme colchón, entre las suaves e impolutas sábanas y bajo la atenta mirada de la Sierra madrileña. Éramos los animales más felices de ese lugar. Y digo animales no solo porque es lo que como humanos somos, si no porque en eso fue en lo que nos convertimos: en dos animales salvajes que no podían contener su sed de pasión y desenfreno.

Tras uno de los mejores ratos bajo las sábanas de toda mi vida, nos dimos una ducha juntos y nos pusimos ropa cómoda para salir a hacer una ruta por la montaña. Se notaba que mi acompañante era deportista y que, como decía en su perfil, trabajaba su hermoso cuerpo cada día en el gimnasio. Disfrutamos mucho del paisaje mientras debatíamos sobre diversos temas: esa mujer era capaz de sorprenderme con cada conversación que surgía. Acabamos nuestro paseo en el lago que había cerca de nuestro alojamiento, planeando todo lo que haríamos en los próximos días. Desde entonces, cada momento con ella fue especial y único, como me habían prometido en la agencia.

Este año, después de todo lo vivido durante los últimos meses, me apetecía muchísimo volver a disfrutar de las Fallas y no poder hacerlo me traía un sentimiento muy amargo. Sin embargo, echando la vista atrás y recordando todo lo vivido en aquel año en el que para mí no existieron estas fiestas, sé que junto a Marissa Escorts encontraré la manera de que este sea un gran mes de marzo.

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