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LA MEJOR FIESTA PRIVADA CON MARISSA ESCORTS

Fiesta privada escorts

Ahora que se acerca el verano, es inevitable acordarme de la mejor fiesta que he vivido en mi vida. Tuvo lugar hace unos años, poco antes de que conociésemos las consecuencias que una pandemia podía traer a nuestras vidas. Era verano y uno de los amigos del grupo de toda la vida, entraba de lleno en los 40.

Era el primero del grupo en cumplirlos y, aprovechando la excusa de tener algo importante que celebrar, el resto quisimos hacerle una fiesta sorpresa. No solo eso, queríamos preparar la mejor fiesta que jamás hubiese vivido. Lo conseguimos: han pasado varios años y ninguna otra fiesta la ha superado. Aunque, quizás ahora que parece que todo ha vuelto a la normalidad, intentemos superarla este mismo verano.

Pero ahora centrémonos en aquella fiesta, LA fiesta. Llevábamos semanas preparándolo todo: habíamos alquilado un lujoso chalet en un acantilado costero, con piscina infinity y unas pequeñas escaleritas que llegaban directamente hasta la playa, una pequeña cala a la que solo se podía acceder en barco o desde nuestro alojamiento.

Era una casa increíble, de arquitectura vanguardista y minimalista, con unos jardines cuidados y preciosos y llena de esos pequeños detalles que te hacen saber que una casa se ha construido con mimo. Contratamos a varios chefs para que cocinasen frente a nosotros y escogimos con ellos el menú, también vinieron un cortador de jamón y un mixólogo, encargado de preparar todo tipo de gin tonics y otros cócteles.

Yo solo quería disfrutar de unos días increíbles con mis amigos de toda la vida, pero ellos se empeñaron en que la compañía femenina era algo imprescindible en una fiesta como la que estábamos preparando. En nuestro grupo no había mujeres ni nunca habíamos incluido en nuestros planes a las parejas que unos y otros habíamos tenido a lo largo de los años. Ellos querían contratar a algunas acompañantes de lujo que hiciesen de aquellos días una experiencia aún más especial.

Yo no estaba de acuerdo. Hacía tan solo unas semanas que lo había dejado con la que fue mi novia durante 4 años y, lo único que quería, era divertirme sin filtros, beber, recordar viejos tiempos y pasar largas horas entre la piscina y la playa casi privada de la que disponíamos. Pero era el único que no quería ver a una sola mujer esos días, por lo que acabé cediendo y mis amigos contactaron con una agencia de escorts, la mejor que encontraron.

Se empeñaron en que hubiese una mujer por cada hombre del grupo, aunque yo les repetí varias veces que conmigo no contasen. Parecía que finalmente habían desistido, pero lo único que hicieron fue darme la razón como a los locos porque, el día en que empezó nuestra celebración, vi entrar una a una a 13 mujeres impresionantes. Ante mi gesto de desaprobación, uno de ellos me dijo que no fuese aguafiestas, habían pensado que iba a ser incómodo verme a mí solo mientras ellos disfrutaban de la inmejorable compañía de las modelos.

Nos presentamos y al principio de la fiesta, tan solo parecíamos un gran grupo de amigos pasándolo bien, haciendo bromas, disfrutando de unos platos exquisitos y dando buena cuenta de la barra libre. Pero, llegados a un momento de la noche, se empezaban a formar parejitas entre nuestras hermosas acompañantes y mis amigos. Y allí estaba ella, una deslumbrante pelirroja de ojos verdes que se había deshecho en detalles conmigo durante toda la velada.

Era una mujer muy agradable, inteligente, con buena conversación y, por supuesto, con una belleza de otro mundo. Aunque yo intentaba poner distancia, ella no se separó de mí en toda la noche y, con cada una de sus caricias, sentía que mi no rotundo se iba convirtiendo en un gran sí. Estoy seguro de que la insistencia de esa preciosa mujer fue cosa de mis amigos: saben que las pelirrojas son mi perdición y que unos ojos bonitos y unos labios voluptuosos son mi condena.

En cuanto empezamos a hablar más detenidamente, me di cuenta de lo estúpido que había sido desperdiciando unas preciosas horas de su compañía. Hablamos sobre nuestras vidas y sobre nuestros sueños y, para mí sorpresa, me di cuenta de que tenía ante mí a una de las mujeres más increíbles que había conocido en mi vida, física e intelectualmente.

Cuando estábamos sumergidos en una de las conversaciones más interesantes que he disfrutado nunca, alguien gritó “¡ronda de chupitos!” y todos acudimos a hacer el decimocuarto brindis de la noche por el cumpleañero. Después de aquello, todos siguieron con su fiesta salvaje y empezaron a tirarse unos a otros a la piscina. Ese tipo de locuras es lo que yo, en principio, esperaba de esa fiesta. Pero en ese momento solo me apetecía una cosa: seguir conociendo a esa acompañante que había roto todos mis esquemas.

Le pedí que cogiera las copas y yo cogí una de las antorchas el jardín y un par de almohadones gigantes. Bajamos las escaleritas que nos separaban de la cala y de pronto ahí estábamos los dos: disfrutando de una cita íntima improvisada. Bebimos, reímos y charlamos hasta que se hizo el silencio. Los dos nos mirábamos como si no hubiese nada más a nuestro alrededor, nos fuimos acercando poco a poco hasta besarnos.

Fue un beso de los que hacen que un escalofrío recorra tu cuerpo de la cabeza a los pies. Tras un buen rato besándonos intensamente, decidimos subir de nuevo a la casa. Algunos de mis amigos ya se habían ido a sus habitaciones, otros apuraban la última copa con sus acompañantes y unos pocos disfrutaban de la piscina. Intenté que pasásemos inadvertidos, pero de pronto alguien gritó “¡Mira! ¡El que no quería compañía!”. Todos nos reímos y esa preciosa mujer de cabello rojizo y yo nos fuimos a mi habitación.

No solo su pelo parecía de fuego, si no cada milímetro de piel que quedó al descubierto cuando ella, en un ágil movimiento, dejó caer su vestido. Nos dimos un baño en el jacuzzi y entre burbujas, la tensión fue creciendo. Aterrizamos en las sábanas aún empapados y revolcándonos. La luz de la luna inundaba la habitación y allí, con el mar frente a nosotros, creamos la noche de pasión más intensa que jamás he vivido.

Mis amigos coinciden en que fue la mejor fiesta que nunca hayamos vivido. Yo les creo, porque aunque finalmente pasé más tiempo con mi acompañante que con ellos, para mí también lo fue. Nosotros ya estamos haciendo planes para la gran fiesta de este verano. Si tú también quieres vivir la mejor noche de tu vida, no dudes en contar con la compañía de Marissa Escorts, ¡te aseguro que no defraudan!

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