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LA VIDA SECRETA DE UNA ESCORT DE LUJO

La vida secreta de una acompañante Marissa Escorts

Nadie, jamás, imaginaría que soy escort de lujo. Soy una chica común, de las que se levantan con tiempo para hacer algo de deporte, desayunar con calma y arreglarme antes de salir a la calle para empezar un nuevo día. Nunca he aguantado la decadencia del transporte público, esa mezcla de olores y sonidos a primera hora de la mañana me produce un nerviosismo al que, a día de hoy, aún no sé hacer frente.

Por suerte, a mi corta edad, he conseguido tener mi propio vehículo. Lo elegí y me lo compré yo, no es algo que muchas chicas de mi edad puedan decir. Entro y me siento, con mi ropa impecable y mi maquillaje natural pero cuidado al milímetro, con mi bolso diminuto y mi gran maletín, en el que guardo todo lo necesario para pasar el día. Reviso la agenda rápidamente antes de encender el motor. Hoy, será uno de esos días, de los largos.

Voy camino a la universidad donde, sin duda, las asignaturas se sucederán las unas a las otras llenando mi cabeza de información. Por suerte, empecé esta carrera por vocación, amo mis estudios y mi futuro trabajo. Pero, a veces, esta aparente vida perfecta me asfixia y es entonces cuando agradezco la que se ha convertido en mi vía de escape.

Hoy, al acabar el día en la universidad y tras haber cumplido mis objetivos en el gimnasio, al día aún le quedarán unas cuantas horas por exprimir: tengo una cita. No conozco al apuesto hombre que me acompañará esta velada. De él, solo sé que se aproxima a los 40 años y que ha insistido tenazmente por pasar esta noche conmigo. Normalmente solo estoy disponible para tener citas los fines de semana pero, hoy, he decidido hacer una excepción.

Como te decía, preguntes a quien preguntes, nadie, jamás, imaginaría que soy escort de lujo. Y nadie lo sabe no porque sea algo de lo que me avergüence, sino porque considero que nadie debería juzgarme y, es justo eso, lo que hace normalmente la gente al enterarse de lo que hago. De verdad, ¿qué le pasa a la gente? Dices que, en tu tiempo libre, eres escort y parece que acabes de decir que te dedicas a apalear gatitos.

Ser escort, para mí, no es algo malo ni humillante, no hago esto porque no tenga otra opción, tengo muchas opciones, pero esta es la que he escogido. Es mi elección y, aunque haya quien piense que es imposible, para mí es una forma de empoderamiento. Las jóvenes como yo tenemos que aguantar que nos infravaloren y piensen que no sabemos de nada por el simple hecho de ser jóvenes pero, durante las horas en las que soy escort, no tengo que hacer frente a esos prejuicios.

Tengo conversaciones interesantes con hombres que creen que mi opinión es tan válida como la suya. No soy un objeto ni tan solo una cara bonita para ellos. Ven en mí una mujer, en cierto modo, inalcanzable, por ello están dispuestos a pagar la cifra que sea necesaria por pasar una noche a mi vera. Y no, no hago esto solo por dinero. No mentiré diciendo que el nivel de vida que me proporciona esta opción no es un aliciente, pero encuentro en esa sensación de poder de la que os he hablado el mayor de los deleites.

Puedo disfrutar de estas agradables charlas sentada en un lujoso restaurante, degustando una copa de ese vino blanco que tanto me gusta. En esos momentos, siento el poder que me brinda ser una mujer atractiva e inteligente, por la que el hombre que tengo sentado enfrente suspira. Y, mientras, el resto de comensales del restaurante jamás sospecharán que comparten espacio con una escort de lujo.

Soy una chica elegante y decidida, que no titubea ni se queda en silencio buscando la aprobación de los demás. Soy fuerte y, sentir que de verdad decido sobre cada centímetro de mi cuerpo, me hace sentirme aún más fuerte. Porque no importa lo que nadie externo a este mundo pueda pensar: las escorts de lujo decidimos qué queremos hacer y qué no. Somos nosotras las que ponemos los límites y no la agencia.

En Marissa Escorts nos animan a trazar nuestras propias reglas y a saber con qué prácticas nos sentimos cómodas y cuáles preferimos rechazar antes de empezar a colaborar con la agencia. No es un mundo oscuro, sino todo lo contrario: para poder ser una auténtica escort de lujo debes demostrar que serlo es tu libre elección, que de verdad te interesa ser acompañante de lujo y que, para ti, esta es una opción tan válida y legitima como cualquier otra.

Soy escort de lujo y estoy feliz con la decisión que he tomado. Y, ¿sabes por qué realmente nadie sospecha de que lo sea? Porque sigo siendo la misma chica de siempre: alegre, risueña, cariñosa, sensual, fuerte, habladora y entregada con las personas que me rodean. Nada ha cambiado, igual que no cambia nada cuando te dedicas a algo que te gusta y donde eres tratada con respeto.

Que sus modelos estén contentas es la clave de una agencia de escorts de lujo como la nuestra. Nuestros clientes quieren una experiencia única, que no cualquiera pueda disfrutar y eso, solo se consigue con chicas que disfruten de la cita casi tanto como ellos.

No conozco a nadie que no disfrute de una buena cena, un paseo por las mejores calles de Madrid, de la zona VIP del local más exclusivo de la ciudad o de una noche en un hotel cinco estrellas acompañada por un hombre elegante e interesante. Yo, disfruto de todo ello, por ello me convertí en escort de lujo aunque, al cruzarte conmigo por la calle, ni siquiera te lo imagines.

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