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MARISSA ESCORTS, UN PUNTO DE INFLEXIóN EN MI VIDA SEXUAL.

Marissa Escorts, acompañantes de lujo

Hace unos años, tras varias relaciones fallidas y varios encuentros sexuales esporádicos de una sola noche, decidí adentrarme en unos meses de soltería. Por primera vez me apetecía estar solo y, en medio de aquel ajetreo continuo en el que se había convertido mi vida, el sexo me suponía más preocupaciones que alegrías.

No me apetecía tener que cultivar una relación y todo lo que esto supone, ni tan siquiera me apetecía salir por obligación al local de moda para, con un poco de suerte, acabar la noche acompañado y no volver solo a la cama. Estaba cansado de citas a ciegas organizadas por amigos que aseguraban conocer a la chica perfecta para mí. El sexo me encantaba, pero todo lo que le rodeaba me producía un sopor inexplicable.

Pensaba que esto no era normal y una noche, mientras navegaba por internet buscando una respuesta a lo que me ocurría, descubrí que no era el único. Estaba en una fase de mi vida en la que lo más importante era mi trabajo y mi círculo cercano. Mi empresa necesitaba mi atención a tiempo completo y mi padre estaba atravesando algunos problemas de salud típicos de la edad, por lo que no me quedaba tiempo para mucho más.

Pero, ¿tenía por ello que renunciar al sexo? Sinceramente, nunca había sido capaz de imaginar mi vida sin los placeres carnales, y fue entonces cuando conocí Marissa Escorts, un punto de inflexión en mi vida sexual. Era la primera vez que tenía una cita con una escort de lujo y no podía estar más nervioso, me cuestionaba si lo que estaba haciendo estaba bien, pero ya no había vuelta atrás: el timbre acaba de sonar. 

Tras la puerta, Alejandra esperaba paciente y elegante. Con un elegante vestido blanco por debajo de la rodilla, unos tacones imposibles y una mirada seductora, Alejandra empezó nuestra cita rompiendo todos mis esquemas. Era el tipo de chica que podría encontrar en uno de los eventos en la casa de campo de las adineradas familias de mis amigos, una mujer inteligente, con una personalidad arrolladora y una belleza indescriptible. 

Alejandra se dio cuenta de que estaba muy nervioso, creo que hasta adivinó que era mi primer encuentro con una señorita de compañía. Tras saludarnos, me preguntó si podía servirle alguna bebida y, tras preguntarle sus preferencias, abrí una botella de vino blanco. Mientras bebíamos pude hablar tranquilamente con ella y poco a poco, fue disipando todas mis dudas y preocupaciones sobre nuestro encuentro. 

Hizo que me olvidase de que ella era una escort de lujo y yo su cliente, me sentí muy cómodo con ella y todo sucedió con espontaneidad. De pronto, nuestras bocas se fundieron en un cálido y pasional beso. Fue un beso de los que se sienten en el cuerpo entero, de los que causan escalofríos y un profundo deseo de devorar a la otra persona. Me levanté rápidamente y, cogiéndola por su cintura, la senté a horcajadas sobre mis piernas.

Sus labios y su lengua continuaban besándome apasionadamente y fundiéndose con mi piel. Me quitó la corbata y empezó a desabrochar los botones de mi camisa y, cuando empezó a besarme sensualmente el cuello y el pecho, mi pulsó se aceleró de tal manera que mi corazón amenazaba con salírseme del pecho. Alejandra se levantó y me preguntó dónde estaba la piscina.

Mientras hablábamos, le comenté que mi sueño siempre había sido tener sexo en una piscina, pero que las chicas con las que había estado siempre me hablaban de lo incómodo que era para ellas mantener relaciones bajo el agua. Mientras nos dirigíamos hacia la piscina, Alejandra sacó un botecito de su bolso y me dijo que, para poder disfrutar en la piscina, la clave era encontrar el lubricante correcto. Era la chica perfecta, ¡tenía soluciones para todo!

Entramos en la piscina y, entre risas y jugueteo, empezamos a besarnos de nuevo. Por fin iba a “estrenar” mi piscina, no sé si era por el morbo del momento o por la delicadeza y perfección con la que Alejandra se movía y me tocaba, pero puedo asegurar que nunca antes había estado tan excitado. Mientras acariciaba sus pechos perfectos ella envolvía mi cintura con sus interminables piernas, nuestros cuerpos empezaban a fundirse el uno con el otro, nuestros fluidos se mezclaban con el agua y nuestras respiraciones se agitaban y nos dejaban sin aliento. 

Después de la piscina, fuimos probando uno por uno cada uno de los rincones de mi casa y, finalmente, caímos rendidos tras un último asalto en la cama. A esa noche de placer le siguieron muchas más y Alejandra se convirtió en la mujer perfecta con la que dejar la soledad a un lado para pasar un rato de sexo pasional y desenfrenado. Contactar con Marissa Escorts ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, ¿a qué estás esperando para empezar a vivir tu sexualidad con libertad y sin tapujos?

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