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RELATO ERóTICO: EL DíA QUE MI MUJER ME REGALó UN TRíO.

Tríos e intercambios

Mi mujer y yo llevabámos juntos más de media vida, pero la llama de la pasión seguía tan viva como el primer día. Siempre nos entendimos muy bien dentro y fuera de la cama y, con la confianza que te dan los años, éramos capaces de hablar de cualquier cosa sin vergüenza ni remordimiento. Así fue como llegó el día que mi mujer me regaló un trío.

Como cada año, se acercaba mi cumpleaños y ella me preguntaba si me hacia ilusión algún regalo en especial, aunque ella ya tenía decidido desde hacía meses cuál sería mi regalo ese año. Llegó el esperado día y, como cada noche, pasaban las 22:00h. cuando entré por la puerta de casa. 

Me sorprendió la calma que se respiraba. Esperaba encontrarme con algunos familiares y amigos cercanos, como ya era tradición en cada fecha señalada. Pero al cruzar la puerta tan solo se oía una música suave y un par de voces femeninas muy animadas, entre las que solo llegaba a distinguir la de mi mujer. 

Fui avanzando por el largo pasillo que separa el recibidor del salón y, al llegar, lo que tenía ante mis ojos me dejó boquiabierto: mi mujer estaba más guapa que nunca, se había comprado un vestido nuevo que no le podía quedar mejor y había ido a la peluquería. Pero ella no era la única belleza sentada en mi sofá, a su lado había otra mujer con la que charlaba muy cariñosamente. Estaba seguro de no haberla visto nunca, una mujer como ella es imposible de olvidar. 

Saludé tímidamente, sin entender aún qué hacía una mujer que no conocía de nada en mi salón el día de mi cumpleaños. Mi mujer se levantó y, tras saludarme con un cálido beso, me informó de la situación: "Me alegro de que te haya gustado el reloj que te he dado esta mañana, pero ese no es tu único regalo. Te presento a Ángela: por fin vamos a cumplir nuestra fantasía". 

Seguía sin poder creer lo que estaba ocurriendo y, ante mi asombro, las dos empezaron a quitarme la corbata y fueron deshaciéndose de toda mi ropa, invitándome a darme un relajante baño para desconectar mientras ellas se encargaban del resto. Disfrutamos de un buen vino y de la increíble cocina japonesa de mi mujer, de fondo se escuchaba mi vinilo favorito y, ante mí, esas dos mujeres preciosas caldeaban el ambiente con sus risas sensuales y su conversación íntima. 

Cuando acabamos de cenar salimos a la terraza de nuestro dormitorio, donde me esperaba una vista nocturna de la ciudad. Y, sobre la mesa, una declaración de intenciones. Mi mujer sonreía con picardía y timidez ante el "banquete" que me habían preparado: mis juguetes eróticos preferidos rodeados de velas me esperaban junto a una cubitera con champagne helado. 

Mi mujer y Ángela me invitaron a ponerme cómodo y desaparecieron unos minuto. Cuando volvieron, las dos vestían una bata sedosa y ligeramente transparente, bajo el que se intuía un conjunto de lencería muy sexy. Sin duda, mi mujer supo elegir a la perfección cada detalle y Ángela había sido su mejor elección. 

Era una mujer joven que te dejaba sin palabras con una sola mirada de sus enormes ojos marrones. Tenía un cuerpo perfectamente esculpido a base de largas horas en el gimnasio, con unos pechos voluptuosos pero firmes y un trasero que rozaba la perfección. No me sorprendió cuando nos contó que era modelo. 

Pensaba que mi mujer habría escogido a Ángela porque conoce perfectamente mis gustos, pero más tarde me confesó que no solamente había sido por su inmensurable belleza, si no porque cuando habló con Marissa Escorts le aseguraron que era la mejor escort con la que hacer un trio. Sin duda, en la agencia saben cómo asesorar a cada cliente y superar sus expectativas.

No podía creer la suerte que tenía de estar compartiendo la noche con mi preciosa mujer y con Ángela. A medida que la botella de champagne iba vaciándose, mi imaginación volaba más alto y mi timidez iba desapareciendo. Les pedí que se besaran y empezó el espectáculo. Habíamos llegado a un punto de no retorno: lo mejor de la noche estaba a punto de comenzar. 

Me uní a ellas y ambas me besaron como si fuese el único hombre sobre la faz de la tierra, apasionada e impacientemente. Colmaron mi cuerpo de besos y caricias y, cuando estaba a punto de abalanzarme sobre ellas, me frenaron y me llevaron a nuestra enorme cama. Me inmovilizaron e hicieron conmigo todo lo que quisieron y todo lo que mi mujer sabe que siempre había deseado. 

Solo puedo deciros que fue una noche inolvidable, aunque no irrepetible ya que, a partir de esa noche, hemos quedado con Ángela muchas veces más. Ella encendió una luz en nuestra relación que no sabíamos que necesitábamos y, desde entonces, se ha convertido en nuestro mejor complemento. No dudes en contactar con Marissa Escorts para cumplir todas tus fantasías.

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