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RELATO ERóTICO: UNA ESCORT DE LUJO CAMBIó MI VIDA

Luxury escorts

Hace unos años, era un hombre bastante solitario. Tras años viviendo por y para el trabajo, había alcanzado el punto álgido de mi carrera. Después de años sin preocuparme de mí mismo ni del sexo opuesto, decidí que había llegado el momento de buscar pareja o, por lo menos, a una mujer con la que pasarlo bien dentro y fuera de la cama. No habían mujeres en mi vida, más allá de mi familia y, tras intentarlo varias veces, empecé a perder la fe. Hasta que tomé la decisión de contactar con Marissa Escorts y una escort de lujo me cambió la vida.

Siempre había sido un hombre muy seguro de mí mismo, cada día me comía el mundo y solía conseguir todo aquello que me proponía. Sin embargo, detrás de esa fachada se escondía un hombre lleno de prejuicios e inseguridades. Para mí, recurrir a una agencia de escorts era algo vergonzoso y reprochable, digno de no ser mencionado. Aunque, una vez más, he de deciros que conocer a una escort de lujo cambió todas esas falsas creencias y, sí, me cambio la vida.

Antes de llegar a nuestra cita, tuve varias veces la tentación de llamar para cancelarla. Pero no lo hice, algo en mi interior me decía que no me arrepentiría de la decisión que había tomado. Llegué 10 minutos antes de la hora acordada, al entrar por la puerta de un lujoso restaurante oriental en el que desde Marissa Escorts nos habían reservado una mesa, me di cuenta de que mi acompañante ya estaba sentada en una mesa.

Al ver que me acercaba, Amaya se levantó rápidamente y yo me quede hipnotizado con su belleza desmesurada. Desprendía seguridad, sensualidad y elegancia a partes iguales. Una sola mirada de sus ojos podía congelar el mismísimo infierno. Me sorprendió gratamente descubrir que esa chica era tan puntual como yo, había llegado con antelación porque, según me dijo, prefería esperar ella a que lo hiciesen sus clientes.

El comienzo de nuestra cita auguraba un día lleno de sorpresas y placeres. Solo contemplar su belleza ya era un deleite para los cinco sentidos, pero yo además sabía que esa chica estaba ahí para ser mía durante las próximas horas. El día prometía y, aunque intentaba prestar atención a cada una de sus palabras y mantener una conversación agradable, no podía evitar quedarme absorto pensando en todo lo que podía ocurrir.

La vergüenza había desaparecido, también lo habían hecho los remordimientos y ya no quedaba ni rastro de timidez ni de reproches. Me sentía eufórico y lleno de curiosidad y, lo que más me gustó de todo, fue que tan solo éramos dos personas adultas conociéndose. No había nada extraño ni pecaminoso, cualquiera que nos hubiese visto habría dicho que éramos dos buenos amigos tomando una copa y comiendo un poco de sushi.

Había concertado la cita en una ciudad diferente a la mía, no quería que nadie de mi entorno cercano pudiese descubrirme, aunque viendo las espectaculares señoritas de compañía que hay en Marissa Escorts, sé que no tenía nada que temer: nadie hubiese sospechado jamás que esa preciosa mujer es una escort de lujo. Era una ciudad en la que nunca había estado, así que después de cenar decidimos dar un paseo para que la conociese.

Amaya me hizo amar esa ciudad, enseñándome los rincones que los turistas no descubrían y hablándome apasionadamente de la ciudad que la había visto nacer. ¿Cómo no iba a amar la ciudad natal de una mujer como ella? Era imposible no adorar la ciudad que ella me había descubierto y en la que nos habíamos besado apasionadamente en cada oportunidad que teníamos.

Finalmente llegamos a la habitación, tras toda la noche deseándonos, entramos a la habitación como un huracán. Empezamos con un coito salvaje, rápido y apasionado, pero la noche no había hecho más que empezar. Después nos amamos lentamente, disfrutando de cada caricia y con besos tiernos llenos de lujuria. Cumplió todas mis y cada una de mis fantasías y, para mi disfrute, lo hacía con una sonrisa pícara en los labios. En Marissa Escorts sabían quién era la chica perfecta para mí, quién sería capaz de asombrarme y satisfacerme por completo.

Esta fue mi primera experiencia con una escort, pero no la única ni mucho menos la última. Un nuevo mundo de posibilidades se había abierto ante mis ojos y, aunque he conocido a otras muchas escorts de lujo, siempre me gusta volver a quedar con Amaya. Las primeras veces, en cualquier terreno, nunca se olvidan. Si aún te quedan dudas, permíteme aconsejarte darle una oportunidad a esta experiencia, no sabes todo lo que te estás perdiendo si aún no lo has hecho.

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