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UNA NOCHEVIEJA DE LUJO Y PLACER

Nochevieja con Marissa Escorts

La Nochevieja estaba a la vuelta de la esquina y, como cada año, planeábamos por el grupo de WhatsApp de los amigos de toda la vida nuestra última noche del año. Aunque todos rozábamos ya la treintena, teníamos nuestra propia casa y algunos incluso pareja estable, siempre nos reuníamos el 31 de diciembre para celebrarlo juntos.

Ese año, alquilamos un chalet a las afueras de la ciudad para nuestra gran fiesta, pasaríamos allí unos días y teníamos todos muchas ganas de volver a reunirnos de nuevo. Esos días eran solo para chicos, nuestras parejas nunca nos acompañaban y nunca antes habíamos contado con presencia femenina en nuestras tradicionales escapadas de Nochevieja.

Ese año, sin embargo, decidimos contactar con una agencia de escorts. ¿Qué tenía de malo? Teníamos ganas de acabar la noche acompañados, éramos jóvenes y, aunque celebrar lo que sea con los amigos es muy divertido, contar con la compañía de una chica preciosa dispuesta a todo aún lo hace más emocionante.

Llegamos allí unos días antes de la noche en cuestión. Queríamos tener tiempo para prepararlo todo y acomodarnos. Jugamos al póquer, bebimos, charlamos animadamente y, por supuesto, acabamos de cerrar todos los detalles con la agencia de escorts. Una vez reunidos, nuestros ánimos crecían y, aunque en un principio varios de los que tenían pareja dijeron que ellos no necesitaban ninguna chica, al final habían más mujeres que hombres en el chalet. Por suerte, éramos clientes de la Zona VIP y pudieron satisfacer todas nuestras nuevas necesidades.

Entre bromas, nos fuimos retando unos a otros y, al final, fueron muchos los que sucumbieron a la presión de pasar la noche con dos mujeres. Aunque no quise aguarles la fiesta, sabía que a la hora de la verdad serían muchos los que se acobardarían y se echarían atrás. Por fin llegó el esperado día y, sobre las siete de la tarde, aparecieron en el lujoso chalet nuestras señoritas de compañía. Eran preciosas y con su presencia, hacían que ese chalet pareciese el lugar más selecto del mundo.

Un par de horas después, mientras se aproximaba la hora de la cena, cada uno de mis amigos había elegido a su acompañante. Cómo se notaba que nos conocíamos de toda la vida. Desde el primer momento en que conocí a esas bellas mujeres, ya sabía con cuál de ellas pasaría la noche cada uno de ellos. Mientras las que tenían el pecho más grande, las caras más angelicales, las piernas más definidas o el cuerpo más trabajado en el gimnasio ya habían sido elegidas por mis fieles amigos, la chica perfecta para mí continuaba hablando, junto a la chimenea, con el resto de chicas que continuaban libres.

Me acerqué a ella idiotizado por sus enormes ojos color esmeralda. ¿Qué hombre en su sano juicio era capaz de ignorar a semejante belleza? Yo, desde luego, no iba a ser el héroe que consiguiese sin esfuerzo dicha hazaña. Caí rendido a sus pies cuando me acarició con dulzura la cara poco después de presentarnos.

Compartimos una cena muy agradable y cuando acabamos de cenar, ya nos habíamos bebido unas cuantas botellas de vino. Todos nos sentíamos desinhibidos y empezamos a bailar y a conversar de una manera más animada e íntima. Las chicas que nos acompañaron en esa velada tenían un talante espectacular, parecía que lo estaban pasando bien y, sobretodo, se notaba su empeño en que nosotros nos lo pasaremos como nunca. Sin duda, Marissa Escorts es una apuesta segura.

Cuando acabaron las campanadas, empezó la ronda de abrazos. Ese momento tan tradicional para comenzar el año: abrazar y felicitar a quienes te rodean, eufórico ante la despedida a un largo año y la bienvenida a uno nuevo. En ese instante, rodee por la cintura a la mujer que me había acompañado durante toda la noche y nos fundimos en el más excitante de los besos.

Como se suele decir, la noche era joven y la fiesta acababa de empezar. Mis amigos empezaron a beber como si no existiese un mañana pero, tras ese beso, yo solo podía pensar en llegar a mi habitación y disfrutar de los placeres carnales. Tras bebernos un par de copas con todo el mundo, nos escabullimos sin que nadie se diese cuenta. La mayor fiesta celebrada aquella noche fue, sin lugar a dudas, la que se celebró en nuestra habitación.

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